Reconocimiento
a Fernanda la Escritora, Fernanda la Amiga,Fernanda La mujer,Fernanda la Escort
y está dirigido a la gente interesada en su persona,
En este espacio aparecerán sus Escritos y sus Imagenes sin llevar un orden cronologico.


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miércoles, 1 de abril de 2009

Curso intensivo y en cinco lecciones sobre Educación Sexual”

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I. INTRODUCCIÓN

Perdonando la expresión, pero ¿saben cuál es el gran pedo sexual de los tiempos modernos? La desinformación.Vivimos en un mundo en el que estamos expuestos a mucho bla bla bla. Todo el tiempo estamos escuchando cosas y enterándonos de novedades. La tele, la radio, internet y miles de medios más nos inundan diario y hasta el tope de información de todo tipo, sin embargo, en la vida cotidiana una se da cuenta de que, sobre todo en los temas que tienen que ver con lo que llevamos bajo los chones, hay tal cantidad de verdades a medias, dudas y desinformación que es para irse de espaldas.Creerán que es cotorreo, pero hace unos días estaba conversando con una chavita de veintiún años que pensaba que el sexo oral era el platicadito. Creí que estaba bromeando, pero cuando me di cuenta de que lo decía en serio, me quedé con el ojo más cuadrado que el criterio de un agente de tránsito cuando te agarra sin el cinturón de seguridad. Todavía no entendió a la primera cuando le expliqué que esas eran mamadas, creyó que se la estaba armando de pedo, hasta que se dio cuenta de que efectivamente, el sexo oral son mamadas y van unos quince centímetros abajo del ombligo.En verdad es alarmante. Viviendo en un mundo en el que todos cogemos como conejos y que las enfermedades están a la orden del día, que nos aventemos así nomás como el Borras sin saber en la que nos estamos metiendo (o la que nos están metiendo). A veces hay quienes se molestan porque escribo las cosas con esta franqueza, pero es que yo no tengo pelos en la lengua (a menos que sea por cuestiones de trabajo).El caso es que es peligroso que, en pleno Siglo XXI, haya todavía tanta gente pensando que tener educación sexual es dar las gracias después de cada palo. Yo no soy sexóloga, ni maestra, ni psicóloga. Ni siquiera tengo una carrera universitaria de la cual presumir, pero soy muy promiscua y trato de estar enterada, así que, con toda irresponsabilidad y sin más méritos que mi formación de oficio, sirva esto como introducción, pues en los próximos posts en este blog iremos poniendo el “Curso intensivo y en cinco lecciones sobre Educación Sexual”
El curso es completamente irresponsable, no se basa en teoría ni libro alguno y no está avalado por la SEP, por la UNAM, por Grupo ISEL ni por ninguna Escuela Patito, ni siquiera por la benemérita Academia de Policía del Distrito Federal.Consta de cinco lecciones y dos partes. La primera parte, comprende las primeras cuatro lecciones y cosiste en “Lo que hay que saber”, la segunda parte acaparará la lección cinco, pero se las alargaré (sin albur) y consiste en “Lo que hay que hacer”.
Por la Doctora Fernanda de la Putanesca.
Ready?.
Go!
Escrito por Fernanda el 06 Enero 2008

domingo, 25 de enero de 2009

Memorias de una Geisha. Cómo me volví Diva. (o La historia de cómo me inicié en el oficio)

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Estimados amigos, para celebrar y agradecer mi registro y mi hermosa R, les dejo el borrador del primer capítulo de las memorias con la historia de cómo me metí en esto. Espero que les guste:
Soy mexicana, alegre, relajada y de una familia tan normal como la de cualquiera. Crecí al sur de la Ciudad de México, en una colonia de esas de clase media pa’ arriba. Estudié en buenos colegios y digamos que estuve rodeada de esos parásitos que se llaman a sí mismos “gente bien”. Viví una infancia agradable, durante la cual nada me hizo falta. En 2002, cuando tenía 18 años, comencé a trabajar de piruja fina anunciándome en un sitio de Internet que comenzaba a ofrecer ese servicio.
Una no nace profesional, pero lo puta es algo que se lleva dentro. Yo nací con esa vocación. Mi primera relación sexual fue a los catorce, con un tipo casado y que me doblaba en años (y en otras cosas). Fui su amante por un tiempo y mantuve con él las más libertinas relaciones que a esa edad podían vivirse.
Pero en este país, la fortuna puede ser sólo una suave línea que separa la farsa de la realidad. A estas alturas no sé si mi papá murió porque nos quedamos en la calle o si nos quedamos en la calle porque mi papá murió, el caso es que de la noche a la mañana pasé de ser una niña consentida a indigente. De pronto me arrebataron todo lo mío y mi mamá comenzó a dar clases de inglés por unos cuantos pesos que no alcanzaban ni para pagar los gastos de la casa. Y no es que me tire de a mártir, porque de entre los muchos papeles que podré jugar en la vida, creo que ese es el que menos me queda. Simplemente son cosas que pasan; pero se siente de la fregada cambiar tan de repente el ritmo de vida.
Lo fuimos perdiendo todo poco a poco. Yo, que siempre había disfrutado tanto los obsequios de la buena vida, tuve que hacerme de un trabajo miserable. Conseguí con un cuate, previa entrega de las nalguitas, una chamba mal pagada como instructora de spin. Toda la vida he hecho ese ejercicio y estoy capacitada de sobra para conducir un grupo. Pronto tuve a mi cargo a varios grupos de viejas regordetas, muchachas anoréxicas, algunas muñequitas fresas y uno que otro maricón.
A la sesión de las 11 de la mañana venía una chica argentina. De unos treinta y pocos añitos, rubia, delgada y de grandes ojos azules. Magnífico cuerpo y bello rostro. Me cagaba verla llegar todos los días con diferentes pants (siempre de marca) y salir vestida del spin como muñeca. Tenía un porte estupendo y arrogante. Casi no hablaba con nadie. Yo estaba segura de que se trataba de una tipa fresa (digo, importadas y todo, pero donde quiera hay niñas fresas) mujercita de un marido rico que le mantenía su holgazanería. Me daban unas ganas locas de ser ella.
Después de todo y pese a lo que cualquiera supondría, la argentina resultó simpática y de repente nos hicimos amigas. Se llamaba Paty y vivía en la colonia Roma, a unas cuantas calles del spin, pero supe a qué se dedicaba sólo después de haberle contado las calamidades que estaba viviendo.
Es fácil, me dijo, se gana mucha plata, sólo es cosa de tomarla con calma y podés salir de apuros.
Puedo decir que antes de eso la idea ni siquiera había pasado por mi cabeza. Es más, hasta puedo afirmar que me ofendí. En cualquier caso estaría mintiendo. He llegado a pensar que todas las mujeres en algún momento de la vida soñamos con la idea de tener sexo por dinero. La diferencia es que lo que para la mayoría es sólo fantasía, habemos algunas que lo llevamos a la práctica. Ganándonos, desde luego, la envidia y el rencor de aquellas que nunca se atrevieron.
Después de todo, pensé, ya había conseguido muchas cosas a lo largo de mi vida poniendo a mis nalgas como intermediarias, siempre con magníficos resultados, pero sin duda inferiores a los que podría obtener tasándoles un arancel justo.
También mentiría si les digo que fue fácil. Parece sencillo, ponerle precio al cuerpo como si se tratara de etiquetar papas en el supermercado, pero siempre es difícil hacerse a la idea de que le estás poniendo un importe a tu intimidad. Estoy de acuerdo con que la virginidad, el pudor y la sexualidad están sobrevaluadas, pero siempre pesa la duda sobre hasta dónde llega lo que entregas.
Luego vienen dos obstáculos a salvar: el miedo y el asco. Siempre se corren riesgos en la vida, pero llegar a un cuarto de hotel a buscar un hombre solo, al que nunca antes has visto, sin más protección que tu buena suerte y muchos condones, no es la mejor idea de seguridad para una muchacha medio fresa y con apenas 18 abriles encima (menos en una ciudad como ésta); y la idea de encontrar tras la puerta un hombre sucio y repugnante al cual tengas que abrirle la piernas y el alma para atenderlo, no es precisamente la imagen de una velada romántica.
Pero cuando existe vocación, esas cosas se superan sin mayor problema. Claro, creo que como los artistas, que dicen que siempre sienten los mismos nervios antes de entrar al escenario, nosotras también, antes de tocar a la puerta regresa un poco de ese miedo y ese asco que dan la incertidumbre, pero invariablemente el temple te permite salir airosa de cada encuentro.
Mi anuncio con fotografía apareció en Internet más o menos una semana después de mi charla con Paty. Esa tarde comencé a atender llamadas.
Cuando se es propensa natural a las artes de la putería, una se hace experta de la noche a la mañana. Es como un don. Es muy sencillo. Los hombres no quieren simplemente gozar. La fantasía, la madre de todas las quimeras masculinas es, para sorpresa de cualquiera, que la mujer con quien comparten goce. Creo que es el único acto realmente generoso de su sexo. Para que un hombre disfrute realmente de una relación por la cual pagó no es suficiente que tenga el más impresionante de sus orgasmos; es necesario que esté seguro de que su pareja también lo gozó.
En este oficio aprendemos a conocer los ritmos y las reacciones de nuestros clientes. Si un hombre quiere que lo hagamos sentir poderoso, se va creyendo que es dios. Si un cliente espera sentirse amado, aquí encuentra unos pechos donde guarecerse, si lo que quiere es sólo sexo, acá está esta piel que en cada centímetro se entrega con la única intención de complacer.
Al primer cliente lo atendí en el Hotel Revolución. Era mayor de treinta pero menor de treinta y cinco. Entre sus brazos, desde aquella primera vez, aprendí muchos de los secretos del oficio. Cruzar esa puerta fue el paso más difícil que he dado; dejarla abierta como un buen modo para subsistir y recrearme mejoró mi vida. Después de todo, somos un bien necesario. Somos la promesa de que todo es posible. Más que cuerpos tibios con tacones, faldas cortas y escotes, supe que me había convertido en una tregua. Ese tiempo y ese espacio donde un hombre podría abandonarse a su fantasía. Comprendí, entonces, lo que era ser y sentirse mujer, en toda la extensión de la palabra.
Escrito por Fernanda, y posteado el 18 de Julio de 2006 en el foro Elite de ZD

martes, 9 de diciembre de 2008

C R E D O

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CREDO

Creo en la LIBERTAD, pero no como facultad, como valor ni como derecho, sino como la simple posibilidad de equivocarme todas las veces que quiera. Ser libre no es poder soñar en lo que quieras, sino tener la oportunidad de tomar el camino que decidas para conseguirlo. Muchas veces me he topado con hombres buenos que me ofrecen su apoyo moral y financiero para que cambie de vida, a cambio simplemente de que haga sólo para ellos lo que hoy hago para muchos, ¿Saben por qué sigo en el oficio? Porque creo en la libertad, yo rento ratos, pero no me vendo.

Creo en el AMOR, porque lo he sentido y lo he sufrido. Porque en este corazón han latido los pulsos venenosos de una carne anhelada. Porque lo he tenido y, como a las golondrinas, lo he dejado ir, segura de su regreso. Porque hay rincones en mi cama que extrañan su abrazo quieto y preguntan por él. Porque amar es un impulso que nos hace y nos da vida.

Creo en la AMISTAD, por que es el sentimiento desinteresado por excelencia. Porque la amistad fluye y es la que nos da energía. Creo en la amistad porque me he dado cuenta de que es el único impulso infinito. Energía que se va haciendo más grande cada que se tiende una mano o se fabrica un recuerdo. Porque a los amigos, como a los amores, se les escoge de entre un mundo de prospectos.

Creo en la DIVERSIDAD, porque fui formada por la vida para ir respetando a todos. Somos hombres y mujeres que solamente debemos distinguirnos por lo que hay nuestros corazones. Yo vivo en un mundo en el que la raza, el sexo, la religión, las preferencias sexuales, la condición económica ni cualquier otra cosa, nos hacen diferentes. Que viva la diferencia porque es lo que le pone sal y pimienta a la vida.

Creo en la MUERTE, por que es la única mujer realmente fiel. La que no te olvida nunca y tiene apuntada desde el principio la cita que ha de tener contigo. Bien decía una amiga que de las únicas cosas de las que nadie se salva es de los cuernos y de la muerte. Pero creo en ella, sobre todo, porque sé que solamente cuando te vas es que realmente comienza la vida.

Creo en los PRESERVATIVOS, porque me toco nacer en un mundo convulsionado por una peste artera. Porque amar y ser responsable es una ecuación que le ha costado a la humanidad mucha sangre aprender. Porque vivir es un milagro y un regalo que no podemos entregar sin dar la lucha, porque la responsabilidad es la mejor manera de cuidarnos todos y porque un condón sigue siendo la mejor vacuna contra el SlDA.

Creo en la PALABRA. Sólo el verbo nos acerca. Con sus ventajas y quebrantos, la palabra es la que nos hace humanos, la posibilidad de que hoy esté aquí, escribiendo estas locuras con la esperanza de que tú, sin saber siquiera quien eres, las leas y te digan algo, es la más sorprendente de las magias. Creo en la palabra porque he visto que cuando nos vamos y las luces de quienes nos conocieron se va extinguiendo, lo único que al final queda, si lo dijimos suficientemente fuerte, son nuestras palabras.

Creo en la ALEGRIA. Al mundo vinimos para sonreír, todo lo que hacemos entre sonrisa y sonrisa es una pérdida de tempo. Yo vivo para ser feliz y ese es el trabajo y destino que debemos tener todos en el mundo. La alegría es una sensación cuya intensidad puede en algunos casos levantarte del piso y llevarte a donde quieras. La inercia que hace girar al mundo es sin duda su alegría.

Creo en el CUERPO porque es nuestro empaque. Porque nada es más halagador que gustar y que quien pose en ti sus ojos disfrute lo que esta viendo. Porque pocas cosas templan tanto la autoestima como el placer de sentirse bien con una misma, de reconciliarse con el espejo, aunque en semejante conciliación haya mediado el bisturí de un cirujano.

Creo en el SEXO, porque es la mejor expresión de la energía. Porque es una actividad intensa y quemadora de calorías que todo mundo debería practicar cuando menos tres veces al día, pero sobre todo, porque siempre he pensado que otra cosa pasaría en este mundo si mas gente dejara de hacerse la guerra y comenzara a hacerse el amor.

Creo en el TRABAJO porque es lo que hace que lo que te comas sepa riquísimo. No hay mejor condimento que el saber que compraste tu alimento con el dinero que te ganaste. Les parecerá extraña esta declaración viniendo de alguien que tiene por oficio la llamada vida fácil, la que muchos considerarían todo menos un trabajo, pero el que no haya sindicato ni coticemos al seguro no lo hace menos completo, y quien diga lo contrario le pido que lo haga después de acostarse un día con varios desconocidos, aunque todos sean encantadores.

Creo en el DESTINO, porque a cada vuelta de rueda, cada que doblo una esquina, en cada habitación, me espera algo o alguien que a veces parece que me ha estado esperando allí desde siempre. No hay casualidades.

Creo en la PACIENCIA, porque todo llega si sabes esperarlo. Porque los más ricos platos son los que a fuego lento se cocinan. Porque cuando llega lo que has sabido preparar y aguardar, es cuando se esta lista para aprovecharlo.

Creo en la INTELIGENCIA, porque es la que nos hace libres.

Creo en MÍ, porque me quiero mucho.

Fernanda